Periodismo profesional

543

Los Estados modernos se administran mediante tres poderes o funciones: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; y se considera que “la Prensa es un cuarto poder”. La prensa ha sido fundamental para que la ciudadanía se entere de casos de corrupción que involucraron a políticos del más alto nivel. En los Estados Unidos de Norteamérica, el Presidente Richard Nixon, tuvo que renunciar porque la prensa publicó que miembros de su equipo habían usado recursos públicos para espiar a sus opositores políticos.

Los jóvenes no me creerán lo que diré a continuación, pero hubo un tiempo que en nuestro país los funcionarios de alto nivel también renunciaban cuando la prensa publicaba sus actos de corrupción. Desde hace trece años, el caretuquismo es la norma aceptada, la filosofía del personaje Juanito Alimaña es Política de Estado: “Tumba aquí lo que tu quieras pues mi primo es policía”. Los adolescentes ecuatorianos aprendieron durante los últimos trece años que si el funcionario corrupto es amigo del Presidente, la justicia no lo alcanzará.

La Prensa siempre tuvo un rol fundamental para mantener a raya la corrupción; los ecuatorianos aceptábamos ciertos abusos de algunos periodistas cuando hacían el papel de Fiscales y de Jueces contra algunos funcionarios de quienes se sospechaba ser corruptos, y lo veíamos bien porque “es preferible equivocarnos antes que eso quede en la impunidad” pensábamos. Bajo esta nueva “norma periodística”, vimos como el nombre de algunos políticos fue enlodado por los “periodistas de fuste”, autoproclamados “fiscales del pueblo”, hasta que después se descubría que la acusación había sido falsa.

Cuando un “periodista juez” se levanta la venda de los ojos antes de sentenciar, le hace tanto daño a la sociedad como cuando sentencia sin disponer de las pruebas suficientes, esto es; cuando sentencia “porsiaca”, porque en ambos casos no obra la justicia. Y esto es lo que se vio en los dos últimos casos de denuncia de sobreprecios en la compra de insumos en la Prefectura del Guayas y en el Cuerpo de Bomberos de Guayaquil. Los periodistas de fuste ahora invocaron el Debido Proceso, no se debía acusar porque los documentos que prueban la corrupción, primero debían ser conocidos por los Jueces de verdad.

La sentencia de Luis A. de Bonald cobra vigencia en Absurdistán: “Un Estado puede ser agitado y conmovido por lo que la prensa diga, pero ese mismo Estado puede morir por lo que la prensa calle. Para el primer mal hay un remedio en las leyes; para el segundo, ninguno. Escoged, pues, entre la libertad y la muerte”.