Viernes, Junio 24, 2022
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¡TODOS, alguna vez fuimos niños!

1 de junio, un día que debemos recordar los adultos.

El maltrato contra los menores se ha normalizado durante siglos, es así; que castigarlos severamente, insultarlos, no tomar en cuenta sus opiniones, creer que no son seres humanos por no ser adultos, regalarlos, ser asesinados por sus propios padres, enterrarlos como bases de construcciones, eran prácticas comunes hasta principios del siglo XX, cuando la llamada “Liga de Naciones”, tomó en cuenta las consecuencias devastadoras y los daños psicológicos provocados por las guerras.

En 1924, se realizó la Declaración de Ginebra, adoptando la primera “Declaración  de los Derechos de los Niños”. Un año más tarde, en 1925 se realizó la Conferencia sobre el Bienestar Infantil, resolviendo declarar al 1 de junio como “Día Internacional del Niño”, dando lugar a la celebración que ahora todos conocemos, fecha con la cual los adultos también estamos en la obligación de recordar que la protección de los menores es fundamental como base de un futuro emocionalmente estable, permitiendo su desarrollo pleno, el desenvolvimiento ante la familia, amigos, y la sociedad de una manera correcta.

El 20 de noviembre de 1959, la ONU aprobó la Declaración de los Derechos de los Niños, y en 1989 se celebró la primera Convención sobre los Derechos de los Niños.

No obstante; celebrar estas fechas es un tema subyacente ante el resto de días del año, donde no recordamos que los menores también son seres humanos, por ende; obviamente partícipes de los mismos derechos que tenemos los adultos, con la salvedad, de tener derechos inherentes a su calidad y condición de vulnerabilidad en la que se se encuentran.

En el año 2018, el Ministerio de Inclusión Social lanzó el “Plan Nacional de Prevención de la Violencia de la Niñez Y Adolescencia y Parentalidad Positiva” como medida para resolver los diversos aspectos de la violencia contra menores, analizando factores como el “entorno social, económico, familiar, y escolar”, donde los menores se desarrollan día con día. Uno de los ejes para realizar este plan fueron los antecedentes de violencia preexistentes en la cultura ecuatoriana. Y la aprobación en 2019, vía referéndum, sobre la imprescriptibilidad de los crímenes sexuales cometidos hacia menores.

El trabajo de la familia, la sociedad y el Estado, deben ir de la mano ante la alarmante situación que presenta el maltrato a niñas, niños y adolescentes, empujados por el hecho que un día ellos también serán adultos y parte de una sociedad, que sin responsabilidad puede provocar el desequilibrio de la misma al no tener en cuenta los derechos de los menores, básicamente, resumidos en el bienestar total de estos, priorizándolos bajo cualquier circunstancia y garantizando el cumplimiento de sus derechos.

Debemos cambiar el paradigma de lo que significa ser adulto y ser niño, la diferencia está radicada en la independencia y cuidado que tienen los adultos Vs. la indefensión en la que se encuentran los menores por no poder depender de sus propias acciones.

El cambio de actitud y mirar hacia atrás, hacia la infancia colectiva, es el espejo donde los adultos de hoy deben reflejarse, entendiendo que no pueden replicar los comportamientos y actitudes violentas con los cuales la mayoría fueron criados, la repetición de patrones solamente acrecienta el problema para la sociedad del mañana, dando como resultado, una caída abismal, sin que se pueda tocar fondo, haciendo un bucle infinito y repetitivo sobre las masas.

Todos un día fuimos niños, vivimos dentro de esa pequeña burbuja de cristal, sintiéndonos mágicos, increíbles, invencibles, intocables, llenos de sueños, ilusiones y aspiraciones, sin embargo; muchos no tuvieron suerte en su infancia, porque otra problemática es que roban los sueños de los niños, aparte de la violencia sufrida, tener que trabajar; otro elemento de riesgo que aumenta las posibilidades de un ser humano lleno de traumas o quizás uno que a futuro también pueda ser sumamente responsable, salvo que los niños no deberían trabajar para poder ganarse el pan. 

Los niños, merecen toda nuestra atención y cuidado, porque un día también todos sintieron que merecían ser protegidos, amados y felices.

Un día, ese menor crecerá; tendrá preguntas, dudas y muchos asuntos que resolver frente a su personalidad, pero; la pregunta nunca debería ser ¿por qué me maltrataron? 

C. Renato Moncayo Moscoso – Corresponsal en Cotopaxi.

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Corresponsal en Latacunga, Cotopaxi

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